Enanas blancas
Categoría: Estrellas | 8 Comentarios »
Publicado el 22 de Abril de 2008 por Juan Miguel
Lo único que queda al término de la vida de una estrella como el Sol es un rescoldo estelar que quema lentamente, del tamaño de un planeta.
La enana blanca es la última fase de la evolución de las estrellas como el Sol. Cuando pasan por su segunda fase de gigante roja, tales estrellas hacen cada vez más inestables y, expulsan sus capas superiores en forma de nebulosas planetarias hasta que, en último término, sólo queda el núcleo desnudo. Una vez se interrumpe por completo la cascada de fusiones nucleares, sólo quedan la temperatura del interior y la presión entre las partículas del núcleo para contrarrestar la tendencia a hundirse bajo su propia gravedad. El núcleo es ahora una «sopa de partículas» de hidrógeno, helio y otros núcleos atómicos más pesados, como los de carbono, suspendidos en un «mar» de electrones con carga eléctrica negativa.
Con su progresivo enfriamiento, la estrella se hace cada vez más densa hasta que, cuando el núcleo alcanza el tamaño
aproximado al de la Tierra, la llamada «presión de degeneración de electrones» —que evita que los electrones se acerquen en exceso— se hace tan intensa que impide que siga contrayéndose.
Irónicamente, aunque la estrella ya no tiene fuente de energía, a superficie de la enana blanca puede estar mucho más caliente
que la de la estrella original, hasta a 100.000 °C o más. No obstante, al ser ahora tan reducida su superficie, la cantidad absoluta de radiación que produce es pequeña y las enanas blancas son, por tanto, muy débiles.
Al cabo de millones de años, cuando la enana blanca se enfría, en su interior sucede algo espectacular. Los átomos de carbono
del centro empiezan a unirse formando cristales y, bajo una presión tan extrema, tales cristales sólo pueden adoptar una forma: el diamante.
Transcurridos miles de millones de años, la enana se hará aún más débil. Finalmente, ya no despedirá luz de ningún tipo, sólo un leve rastro de calor residual de lo que un día fue el ardiente corazón de una estrella. Y entonces la enana blanca se habrá convertido en una enana negra, con un diamante del tamaño de un planeta en su centro.






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