Nombres en el cielo. Messier, NGC
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Publicado el 20 de Noviembre de 2008 por Juan Miguel
Al examinar una carta celeste se descubren lugares del cielo etiquetados con nombres sonoros (Betelgeuse, Aldebaran, Rigel) y designaciones técnicas extrañas (SAO 113271, M 42, NGC 4565). ¿De dónde vienen estos nombres? ¿Qué significan esos códigos?
Unas 250 de las 6.000 estrellas perceptibles a simple vista poseen nombres propios. Algunos son de origen árabe, como Aldebarán (Aldebaran), que significa «el seguidor», por su posición en el cielo siguiendo el cúmulo de las Pléyades. Otros nombres son de origen griego y están vinculados a los mitos asociados a cada constelación. Por ejemplo Arturo (Arcturus) significa «el guardián de las osas» y se refiere a su cercanía a las constelaciones de las Osas Mayor y Menor (Ursa Major, Ursa Minor).
LA NUMERACIÓN DE LAS ESTRELLAS
Sería dificil orientarse en el cielo si se emplearan solamente nombres, igual que ocurre en las grandes ciudades. El astrónomo alemán Johann Bayer ideó a principios del siglo XVII una nomenclatura estelar con letras griegas (ver alfabéto griego). Etiquetó como alfa (α) la estrella más brillante de cada constelación, la segunda más brillante como beta (β), etc. Arturo, la estrella más brillante del Boyero (Bootes), se conoce también como alfa Bootis. (Por convención, en estas designaciones se usa el nombre latino de la constelación en caso genitivo, de modo que alfa Bootis significa «alfa del Boyero».)
Con sólo 24 letras en el alfabeto griego, las designaciones de Bayer se agotan pronto. El astrónomo inglés John Flamsteed decidió en el siglo XVIII asignar números a las estrellas de cada constelación en orden de oeste a este. Por eso Arturo recibe también la designación de Bootis en el sistema de Flamsteed. Los catálogos modernos, como el del Smithsonian Astrophysical Observatory (SAO), los catálogos Hipparcos (HIP), Tycho (TYC) y Hubble Guide Star Catalog (GSC) incluyen millones de estrellas numeradas.
UN CATÁLOGO DE OBJETOS QUE NO ERAN COMETAS
El astrónomo francés Charles Messier creó a finales del siglo XVIII un catálogo con más de cien objetos que aún hoy siguen siendo el corazón de las observaciones del aficionado. Messier ubicó algunos de los mejores cúmulos, nebulosas galaxias del cielo. La galaxia de Andrómeda, por ejemplo, se conoce como M 31.
Messier pretendía evitar el riesgo de confundir estos objetos con cometas, el verdadero objetivo de sus búsquedas. Hoy en día recordamos a Messier, más que por los cometas que descubrió, por aquel catálogo de objetos difusos que para él no eran sino estorbos.
¿QUÉ SIGNIFICA NGC?
A finales del siglo XIX, con el perfeccionamiento de los telescopios, la astronomía había superado ya de sobra la lista rudimentaria de Messier y se conocían miles de objetos difusos. El astrónomo británico J. L. E. Dreyer compiló en 1888 la diversidad de listas existentes en un catálogo unificado, el New General Catalogue, o NGC. Junto con dos apéndices complementarios (los Index Catalogues, IC), el catálogo de Dreyer contiene más de 13.000 cúmulos, nebulosas y galaxias, muchos de ellos aptos para pequeños telescopios. Por ejemplo, M 31 es también conocida como NGC 224.






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