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El cielo y el hombre en la Historia

Categoría: Historia de la Astronomía | Comentarios desactivados en El cielo y el hombre en la Historia

Publicado por Juan Miguel


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Desde siempre, la bóveda celeste ha intrigado y fascinado al hombre. ¿Qué serán esas lucecitas que brillan en la oscuridad? ¿Qué mensajes nos transmiten? ¿Qué lugar ocupamos en este sistema cuyos límites físicos y razón de ser no llegamos a comprender pero que, precisamente por eso, nos ofrecen perspectivas infinitas?

De la imagen mítica al calendario

Desde tiempos muy remotos, los hombres proyectaron figuras míticas sobre la bóveda celeste, testimonio de sus angustias y de su miedo a la inmensidad cósmica. De este modo, era natural y reconfortante para los antiguos poblar el firmamento con figuras familiares presentes en su vida cotidiana.
El hombre primitivo, encerrado en el fondo de una gruta que le servia de abrigo, seguramente se sintió abrumado por unas fuerzas naturales que iban más allá de su entendimiento: testimonios en forma de dibujos que representan objetos celestes nos indican que el cielo ha fascinado desde los albores de la humanidad.

Tycho BraheLa astronomía, el estudio de los cuerpos celestes, es una de las disciplinas más antiguas, pero sólo ha adquirido el rango de verdadera ciencia de forma tardía. En realidad, astronomía y astrología estuvieron estrechamente relacionadas durante mucho tiempo. Los astros, y en concreto el So|, delque se presentía la función esencial para la vida en la Tierra, muy pronto se asociaron con divinidades cuya ira era temida, pero que también podían ejercer una influencia benévola. Así, según los antiguos egipcios, el Sol moría cada atardecer en el horizonte, y cada nueva alba daba a luz a un nuevo
astro del día, disipando así el espectro de la noche eterna; para los griegos, la Vía Láctea era el escenario en el que se enfrentaban héroes y dioses.

Posteriormente, la observación del cielo estuvo motivada por las necesidades de la agricultura, la orientación y el cómputo del tiempo. Las designaciones de asterismos (figuras formadas por astros) más numerosas proceden de sociedades pastorales, agrícolas y marítimas. Los egipcios son conocidos por haber establecido un calendario celeste que permitía prever cuándo volvían los periodos favorables para la siembra y las cosechas. Los primeros navegantes de las aguas del Mediterráneo -fenicios, cretenses, griegos o romanos- no disponían de brújulas, de segmentos graduados ni de sextantes para orientarse y calcular la orientación de una nave.
Las estrellas no eran objetos «astronómicos» en el sentido actual, sino más bien instrumentos con los que era posible orientarse y situarse en la latitud (el cronómetro marino que permitía establecer la longitud no apareció hasta el siglo XVIII, tras ser inventado por el inglés John Harrison).

Atlas y catálogos de estrellas

Paralelamente, surgió la voluntad de observar el cielo para ordenarlo. El primer mapa celeste, establecido por los sumerios y los caldeos entre los siglos XVI y Xl antes de nuestra era, nos llegó a través de los fenicios y de los egipcios. En ese mismo periodo, en Oriente, la antigua China y otras civilizaciones próximas se progresaba notablemente en los conocimientos de astronomía. En el siglo III a.J.C., el astrónomo griego Eratóstenes elaboró un primer catálogo con 701 estrellas, trabajo que continuó en el siglo II d.J.C. su compatriota Ptolomeo, quien registró 1022 estrellas.

Transbordador espacial Columbia en 1982

Tras importantes avances que fueron fruto de los trabajos de astrónomos árabes en la edad media, hubo que esperar al renacimientopara entrar en una nueva etapa en el descubrimiento del Universo.
La evolución de los instrumentos ópticos, de refractores o telescopios, permite un «acercamiento» a los objetos celestes para intentar desvelar sus secretos mejor guardados.
Las aportaciones de nuevas ideas y filosofías, los avances teóricos y las mejoras tecnológicas han permitido ampliar, paso a paso, los límites de nuestro Universo.
Así, el planeta Tierra descendió de su pedestal geocéntrico para situarse en una órbita a unos 150 millones de kilómetros del Sol. Posteriormente, se empezó a estudiar poco a poco el sistema solar gracias al llamado «telescopio de Galileo» (que permitió descubrir los satélites de Júpiter, los cráteres lunares, las fases de Venus y las manchas del Sol) y al telescopio Newton. El Universo se extendió todavía más con el descubrimiento de las galaxias: universos-islas gigantes (ya apuntados por el filósofo Kant). Con ello, el hombre tomó conciencia de que la Vía Láctea ya no es «el Universo» sino «un universo» más, y, progresivamente, nos vamos dando cuenta de la extrema pequeñez de nuestro sistema solar y de nuestro planeta.
Varios acontecimientos del siglo XX han cambiado por completo nuestra concepción del mundo: la conquista del espacio en 1961 y, más tarde, en 1969, el primer paso del hombre sobre la superficie de la Luna.
Actualmente, los radiotelescopios nos permiten «escuchar» cómo late el corazón de las estrellas, el telescopio espacial Hubble nos ofrece fotografías espectaculares de los confines del Universo, y el satélite Hipparcos estudió las distancias de las estrellas y sus movimientos. Conocemos de modo más preciso la evolución de la materia y la organización del Universo, pero con cada respuesta revelada surgen nuevas preguntas…

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