Guía para interpretar el cielo en la ciudad

¿Qué tiempo hará mañana? Cada uno de nosotros se hace esta pregunta diariamente. El clima gobierna nuestro mundo e influye en nuestras decisiones. Sin embargo, sólo los astrónomos se preguntan realmente qué tiempo hará la próxima noche..

¿Qué es una buena noche?

Sin entrar en un discurso meteorológico, debemos admitir lo útil que es reconocer los «signos» premonitorios de una buena noche frente a otras en las que dejaremos nuestra observación del cielo nocturno para otro día. Al atardecer, el fenómeno de inversión térmica provoca frecuentemente un cambio en el aspecto del cielo. Después del crepúsculo la temperatura desciende significativamente y el viento puede cambiar de dirección. En la ciudad, el efecto invernadero provocado por la contaminación de los gases de hidrocarburos atrasa el enfriamiento natural (o sencillamente lo anula), y nos impone condiciones particulares atmosféricas que cambian según las estaciones y las condiciones climáticas locales.
A no ser que usted viva en una ciudad donde las condiciones climáticas sean habitualmente excepcionales, deberá esperar una «buena noche» para observar el cielo. ¿Pero qué es una buena noche en términos astronómicos? Se trata de una noche sin brumas, niebla o nubes. Parece algo evidente, pero debemos saber que al final de un día en que el cielo se muestra ligeramente brumoso, las observaciones planetarias pueden llegara ser de gran calidad.
En esos momentos el aire es extremadamente estable. En cuanto a las estrellas, constatamos con desesperación su ausencia en el cielo…
Por otro lado, un día sin nubes no necesariamente precede a una noche «cristalina» y exenta de turbulencias.
Así pues, hay noches claras, y noches claras…

Anticiclón y depresión

Los dos grandes protagonistas de las noticias del tiempo son el anticiclón de las Azores y la depresión de Islandia. La posición relativa de estos dos actores y su actividad determinan el tiempo en la mayor parte de nuestro país.
El anticiclón es una zona de altas presiones en forma de enorme torbellino que gira en el mismo sentido en que giran las agujas del reloj (en el hemisferio Norte).
En verano suele estar rodeado por dos masas de aire. Una, cálida y húmeda, procede de los trópicos y sube por el noreste, y la otra, fría procede del polo y rodea la depresión de Islandia para dirigirse hacia el suroeste.
Estas dos masas de aire de naturaleza y temperatura distintas se unen para formar un «frente». Si el aire caliente, más ligero, tiende a empujar el aire frío, pasando por encima, eI resultado es un frente cálido.
Si, por el contrario, la masa de aire frío es más importante que la de aire cálido, ésta pasa por debajo y levanta la primera masa, creando un frente frío. La interacción de frentes de aire frío aire cálido provoca perturbaciones que modifican la presión atmosférica.

Generalmente las situaciones anticiclónicas (de alta presión) preceden al buen tiempo, mientras que la proximidad de una depresión anuncia mal tiempo. Podemos leer en nuestro barómetro estas variaciones de presión.

Como interpretar el barómetro

En 1643, TorriceIIi, un alumno de Galileo, descubrió el principio del barómetro.
Las variaciones de presión atmosférica influyen en la altura de una columna de mercurio encerrado en un tubo de vidrio que desemboca en una cubeta que contiene el mismo liquido.
Estas variaciones son buenos indicadores del tiempo que vamos a tener. La naturaleza de la presión tiene sólo una importancia relativa Io que es realmente importante es la tendencia de la variación.

Si es estable y su valores superior a 1.025 hPa (hectopascaIes),eI buen tiempo puede durar.
Un descenso regular de 2 a 3 hPa cada tres horas anuncia un empeoramiento del tiempo, y un descenso de más de 5 hPa no augura nada bueno. A modo de ejemplo, en Francia, el 26 de diciembre de 1999, eI barómetro bajó en unas pocas horas a 950 hPa, lo que trajo consigo vientos de más de 200 km/h y desastrosas consecuencias.
Una observación atenta de las variaciones del barómetro, deI aspecto de las nubes y de la dirección del viento antes del crepúsculo es esencial para determinar con una buena aproximación la calidad del cielo de la noche que se acerca, teniendo en cuenta, lógicamente las particularidades de cada estación.

Características del cielo de primavera

Solemos decir que con la primavera llegan los días buenos. Pero se trata también de la temporada de los rápidos cambios de tiempo que provocan frecuentes chaparrones.
Con tiempo claro, la inversión térmica del crepúsculo provoca un enfriamiento rápido de la atmósfera. Los enormes cúmulos que vimos desaparecen, como por arte de magia, cuando cae la noche.
A menudo el cielo «se limpia» con los chubascos que traen los vientos de primavera.
Las alternancias de viento y de lluvia tornan el horizonte muy transparente, el cielo incluso puede aparecer sorprendentemente limpio.
Con frecuencia las imágenes telescópicas son excelentes desde la ciudad en esta estación del año, pero a veces pueden estar enturbiadas por turbulencias. Sin embargo la presencia de estratocúmulos bajos favorece el efecto invernadero
y las precipitaciones. La temperatura es más suave, pero empieza a llover…

Características del cielo de verano

La ausencia de nubes y un cielo bien azul durante el día no significan que la noche vaya a ser clara. Paradójicamente, es en verano cuando las condiciones en la ciudad son menos favorables para la observación: el calor estival del día, absorbido por el hormigón de los edificios, es restituido por la noche, lo que causa fuertes turbulencias en las observaciones telescópicas.
Las imágenes aparecen deformadas y se mueven. Además, las condiciones anticiclónicas evitan que el aire húmedo procedente del suelo pueda subir, impidiendo la formación de nubes. Así pues, hay sol, el viento se mantiene débil, la contaminación aumenta… y el aire pierde transparencia.
Recuerde, no obstante, que después de un fuerte aguacero (encuentro de dos frentes, cálido y frío), la atmósfera parece estar lavada por la lluvia. Pero los aguaceros también han «matado» el viento, y el cielo a menudo queda irremisiblemente cubierto por un fondo de estratocúmulos bajos durante la noche.
El aire, que está más contaminado en esta estación, hace que las imágenes sean más blanquecinas, opacas, confusas y bastante decepcionantes. Además, la diferencia horaria debida al horario de verano nos impone unos crepúsculos interminables.
Así pues, el verano no es la estación ideal para el astrónomo urbano. Por suerte, se trata también de la temporada de vacaciones cuando los observadores pueden salir en busca de mejores horizontes.

Características del cielo de otoño

En otoño vemos cómo los días se acortan, lo que es bueno para la astronomía.
El principio de esta estación retoma en cierto modo las características del tiempo de verano, aunque con menos calor. Este tiempo a veces puede prolongarse hasta octubre. Hablamos entonces del veranillo de san Miguel, del membrillo, o verano indio.
Un poco más tarde, el tiempo del equinoccio recupera su lugar y trae vientos y precipitaciones que tras su paso ofrecen a los observadores una buena noche.
Fíjese en estos grandes cúmulos en forma de bola de algodón que se recortan magníficamente sobre el fondo del cielo bien contrastado. EI buen tiempo va a durar.
Sin embargo un cielo que arrastre cirrocúmulos le impedirá observar las estrellas…

Características del cielo de invierno

Sin duda, el cielo de invierno ofrece al astrónomo su más bello «jardín». En primer lugar, por la riqueza de objetos que en él podrá observar, pero también por la alta calidad de las imágenes obtenidas con mucho frío…
Por poco que el anticiclón de las Azores se mantenga en el sur de Islandia, el buen tiempo persiste y el frío es intenso. AI atardecer, muy pronto, puede empezar antes la sesión de observación.

En invierno, con tiempo seco y muy frío, el fondo del cielo parece más denso, más contrastado, y nos permite acceder a algunas nebulosas en plena ciudad. De manera que no dude en salir. El cielo de invierno vale realmente la pena, pero… son imprescindibles un buen par de guantes, un gorro y una chaqueta de plumón.

Otras curiosidades para interpretar el cielo

Este repaso de la información meteorológica prueba que la observación astronómica es, ante todo, una escuela de paciencia, y que esperar una «buena noche» también forma parte del juego. Recuerde siempre lo siguiente; un horizonte muy transparente suele anunciar lluvia. Después de la lluvia, si el cielo se despeja, las imágenes serán claras pero con frecuencia confusas. Si la acústica se modifica hasta el punto de permitir oír una campana o el ruido de un tren a lo lejos, esto le indicará que el aire, más denso, es húmedo y transmite mejor los sonidos, por lo que hay posibilidades de mal tiempo.

Imágenes que nos ayudarán a interpretar el cielo

 

Interpretando el cielo

 

¿Estará despejada la noche? Una observación atenta del aspecto del cielo crepuscular es el primer paso para un astrónomo urbano.
Interpretando el cielo

 

 

¿Este bonito cielo nos anuncia buen tiempo? No, estos estratocúmulos están bien instalados y no tienen intención de irse.

Interpretando el cielo 

 

El aire cálido y húmedo que sube por encima de un frente frío forma estos cirrostratos altos.
Interpretando el cielo 

 

Una ligera bruma indica ausencia de viento.
Esta situación puede ofrecer imágenes de buena calidad de la Luna y planetas.
Interpretando el cielo 

 

Condiciones anticiclónicas de invierno, tiempo frío y claro en altitud, donde las estelas de los aviones persisten: el cielo nocturno estará cubierto.
Interpretando el cielo 

 

Final de una tarde de verano. Estos grandes cumulonimbos podrían derivar en aguacero.
Interpretando el cielo Estos grandes cúmulos como bolas de algodón son nubes propias del buen tiempo. Es muy probable que desaparezcan cuando caiga la noche.