Plutón y el cinturón de Kuiper

De todos los mundos transneptunianos, el primero en ser descubierto fue Plutón, conocido como el noveno planeta. Este mundo diminuto fue localizado en 1930 por el astrónomo norteamericano Clyde Tombaugh, como resultado de una búsqueda deliberada de un nuevo planeta que, según los cálculos, influenciaba tanto a Neptuno como a Urano. Con todo, pronto se demostró que el cuerpo descubierto tenia un tamaño muy inferior a cualquier otro planeta y que era absolutamente incapaz de afectar a sus vecinos gigantes. Durante un tiempo, Plutón pareció una absoluta rareza, una extraña peculiaridad del sistema solar; sin embargo, en 1948, el científico holandés Gerard Kuiper apuntó que podría tratarse del primer indicio de la existencia de un cinturón de mundos helados mucho más numeroso, que rodea el sistema solar más allá de Neptuno.

El cinturón de Kuiper

El cinturón de Kuiper continuó siendo poco más que una teoría seductora durante la mayor parte del último medio siglo: el propio Tombaugh continuó su busca de nuevos mundos durante muchos años pero, aunque descubrió numerosos asteroides y cometas nuevos, no volvió a encontrar nada tan remoto y con un movimiento tan lento como Plutón. Esta situación sólo cambió con la llegada de una nueva oleada de telescopios, mucho más potentes y perfeccionados.
En 1991, mediante el telescopio espacial Hubble, los astrónomos descubrieron un pequeño objeto que han designado como 1992 QB1. Aunque apenas mide 320 kilómetros de longitud, 1992 QB1 abrió las puertas al descubrimiento de una multitud de nuevos mundos que rivalizaban en tamaño con Plutón y, en algunos casos, lo superaban, discutiéndole su derecho al título de «noveno planeta». Entre los más destacados de estos objetos se cuentan Varuna, Quaoar, Ixion y Eris, un «décimo planeta» mayor que Plutón. El descubrimiento de Eris despertó un importante debate sobre la definición científica del planeta, que al final causó que Plutón perdiera su estatus de planeta y llevó a la creación de una clase de objeto nueva y diferenciada: el planeta enano.

Hoy, el cinturón de Kuiper parece extenderse desde unas 40 UA (unidades astronómicas), poco más allá de la órbita de Neptuno, hasta unas 80 UA. Su principal región no es un disco aplanado, sino un aro en forma de rosquilla, con un «disco disperso» de objetos en órbitas más excéntricas e inclinadas por encima y por debajo de él (tal vez expulsados del cinturón principal por encuentros cercanos con Neptuno). Es probable que los enanos helados se originaran en la zona en que los encontramos hoy y que fueran los objetos más distantes de todos los que se formaron de la nebulosa solar original.

Más allá del borde exterior del cinturón se abre un vacío que se extiende hasta más o menos medio año luz del Sol (unas 30.000 UA); por lo menos, así lo dice la teoría aceptada en la actualidad. Sin embargo, en 2003, los modelos convencionales se vieron desafiados por el descubrimiento de un extraño objeto en el espacio más allá del cinturón de Kuiper. Sedna es un mundo intrigante con una órbita muy excéntrica y una inusual superficie roja. Podría tratarse del primer indicio de una hipotética «nube de Oort interior», de un refugiado de alguna otra parte del sistema solar o, según una seductora hipótesis, de un cuerpo capturado de la órbita de otra estrella.

En la región del cinturón de Kuiper se encuentra la heliopausa, la cambiante frontera entre el dominio del Sol y el inicio del espacio interestelar. Aunque la gravedad solar alcanza mucho más lejos, es en esta región donde el viento solar -la corriente de partículas que escapa del Sol y se dispersa por  el sistema solar- se debilita y se desvanece bajo la presión que llega de los suaves vientos estelares de mil millones de otras estrellas. La localización precisa de la heliopausa varía ampliamente según la potencia de la actividad solar.

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