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Neptuno

Categoría: Sistema Solar | 3 Comentarios »

Publicado por Juan Miguel


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Azul y brillante, Neptuno marca el límite del reino de los gigantes y hace de introductor a las regiones más lejanas del sistema solar.

Aunque fue descubierto en 1846 y tiene un diámetro cinco veces mayor que el de la Tierra, Neptuno está tan alejado de nosotros -en una órbita que lo mantiene a 30 unidades astronómicas del Sol- que muy poco se ha sabido de él hasta fechas bastante recientes. Esto cambió en 1989, cuando la sonda espacial Voyager II pasó sobre el planeta como momento culminante de sus doce años de misión exploradora del sistema solar exterior. Después de la aparente tranquilidad de Urano, Neptuno resultó ser un mundo de sorpresas, un planeta considerablemente activo con una luna gigante extraordinaria, en particular.

El color de Neptuno difiere ligeramente del de Urano debido a la cantidad de helio que contiene la atmósfera de cada uno. Como Neptuno contiene un 3 por ciento de helio en las capas exteriores, absorbe más la luz roja del sol y, por tanto, refleja un color azul más intenso que el turquesa de Urano. No obstante, los dos planetas parecen muy similares en tamaño y en composición general: se cree que el interior de Neptuno también está dominado por hielos químicos lodosos.

Neptuno

Neptuno completa una órbita alrededor del Sol cada 165 años.
A diferencia de Urano, si eje sólo presenta una ligera inclinación de 28 grados, parecida a la de la Tierra. Esto proporciona al planeta un patrón de estaciones parecido al nuestro, aunque cada una de larguísima duración. Fuera cual fuese el cataclismo que afectó a Urano para desequilibrarlo de su eje, Neptuno escapó a un destino similar, y algunos astrónomos creen que esto explicaría por qué el planeta, al igual que Júpiter y Saturno, parece tener una fuente de energía interna de la que Urano carece.

De hecho, Neptuno genera enormes cantidades de energía desde su interior y emite más del doble de radiación de la que recibe del Sol, sobre todo en forma de radiación infrarroja, o calorífica. Este calor induce potentes sistemas climáticos en torno al planeta: cuando Voyager II lo visitó, un hemisferio estaba dominado por una enorme tormenta regional, pronto llamada la «Gran Mancha Oscura» por paralelismo con la duradera tormenta de Júpiter. Alrededor del punto oscuro y por encima de él, fluían a gran altitud unas nubes blancas que se han apodado «scooters», como las motos, por sus altas velocidades.
El equipo científico de la misión Voyager calculó que Neptuno tiene uno de los vientos más veloces del sistema solar, que alcanza los 2.000 km/h.
Nadie está completamente seguro de como Neptuno genera tanto calor, pero una teoría apunta a que en sus profundidades se dan las condiciones perfectas para que los átomos de carbono, liberados por la descomposición de hielos químicos como el metano bajo las altas presiones y temperaturas, se combinen en cristales, liberando calor en el proceso. En otras palabras, según esta teoría, dentro de Neptuno «llueven» diamantes, literalmente. Al desplomarse a través de la atmósfera, la fricción del descenso calienta aun más el planeta.

Y Neptuno tiene reservada a la sonda Voyager una sorpresa final.
Desde que se habían descubierto los de Urano y Júpiter, los astrónomos esperaban que también apareciera un sistema de anillos en torno a él, pero su observación resultaba problemática y había quien pensaba que tal vez Neptuno poseía sólo arcos anulares, cortos fragmentos de anillos, en lugar de círculos completos. Las cámaras de la Voyager mostraron que los anillos están completos, pero algunos son muy desiguales, bastante más gruesos en ciertas partes que en otras.

La controversia de Neptuno

Neptuno fue el primer planeta en ser descubierto por un matemático, aunque la cuestión de a quien le corresponde el honor es un asunto que lleva más de un siglo discutiéndose. Poco después del descubrimiento de Urano, en 1781, los astrónomos se percataron de que había cierta irregularidad en la órbita del nuevo planeta: en ocasiones se adelantaba a su posición prevista, mientras que otras veces se retrasaba. La evidente explicación era la influencia gravitatoria de otro planeta, pero no fue hasta aproximadamente 1840 cuando dos matemáticos se dedicaron a resolver el problema y a predecir la localización del octavo planeta. El inglés John Couch Adams era un estudiante aun no graduado, joven y falto de experiencia, mientras que el francés Urbain Le Verrier era uno de los más renombrados académicos de su época.
Al parecer, Adams completó sus cálculos en 1845, pero no consiguió que los astrónomos profesionales que podían buscar el nuevo planeta le prestaran atención. Le Verrier no tuvo tales problemas: el mismo día que recibió su carta, el 32 de septiembre de 1846, Johann Galle, el director del Observatorio de Berlín, encontró a Neptuno.

Más datos de Neptuno

Distancia de la Tierra: 248 Minutos Luz.
Diámetro: 49,532 Kilómetros.
Masa: 17.1 Tierras.
Duración del día: 16.11 Horas.
Duración del año: 164.9 Años Terrestres.
Inclinación orbital: 1.77 Grados.
Inclinación axial: 28.3 Grados.
Temperatura media en superficie: -200 ºC.
Gravedad media en las nubes altas: 1.13 Tierra.

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