Antiguas creencias sobre la meteorología

Los pueblos de la antigüedad mostraban una actitud temerosa y supersticiosa ante los cambios del tiempo. Creían que dioses mitológicos controlaban los elementos que, como la lluvia, los vientos y el sol, gobernaban su existencia. Cuando las condiciones climáticas eran favorables, había caza y pesca en abundancia y se obtenían espléndidas cosechas.
Pero la vida de los hombres se hallaba a merced del tiempo: una tormenta violenta podía dañar los poblados de endebles cabañas, destruir los cultivos y causar inundaciones que arrastraban consigo los alimentos. En épocas de sequía, el hambre constituía una amenaza constante, ya que las cosechas se estropeaban y los animales escaseaban al agotarse su fuente de alimentación.
Los pueblos de la antigüedad creían que los avatares meteorológicos se hallaban inextricablemente unidos al humor y a la voluntad de los dioses que regían los elementos, y por esta razón dedicaban mucho tiempo y energía a apaciguarlos. Los egipcios adoraban a Ra, el dios Sol, mientras que Thor era el dios del trueno y el relámpago en el panteón nórdico, un dios a quien era preciso complacer para que protegiera las expediciones por mar.

LOS PRIMEROS OBSERVADORES

Algunas civilizaciones antiguas efectuaban observaciones astronómicas que les ayudaban a predecir los cambios del tiempo. En China, hacia el 300 a.C., se desarrolló un calendario que dividía el año en 24 «festivales» y asociaba un clima determinado a cada uno de estos períodos. La primera referencia a la medición de la lluvia tuvo lugar en la India por las mismas fechas.

RITUALES PARA ATRAER LA LLUVIA

Muchas sociedades antiguas intentaban permanecer en buena relación con sus divinidades mediante una mezcla de oraciones, rituales, danzas y a veces también sacrificios. Los indios de Norteamérica, entre otros, ejecutaban danzas de la lluvia en épocas de sequía. Otras culturas, como los aztecas de América Central, llegaban incluso a ofrecer sacrificios humanos para complacer a Tláloc, el dios de la lluvia.

Festejar la lluvia

Los Baulé de Costa de Marfil

Los baulé de Costa de Marfil, en África occidental, usaban esta máscara de carnero pintada para celebrar la llegada de las lluvias benéficas que irrigaban sus campos. Para muchos pueblos antiguos el ciclo anual de las estaciones era primordial para la vida.

Quetzalcóatl, la deidad todopoderosa

quetzalcoatl deidad todopoderosa

En la antigua sociedad azteca, el dios Quetzalcóatl, cuyo nombre significa «preciosa serpiente emplumada», desempeñaba un papel central: era el creador de la vida y controlaba a los vientos portadores de lluvia.

Los dioses del Nilo

Los Dioses del Nilo

Un mural del siglo XIII a.C. que se halla en las paredes de la tumba de Sennedjem, en Dehr al-Madinah, Egipto, muestra a Re-Harakté, una mezcla del todopoderoso dios sol, Ra, y del dios del cielo, la luz y la bondad, Horus, en una barca en el Nilo. Ante ellos está el ¡bis sagrado, que representa todas las excelencias de Egipto.

La serpiente que trae la lluvia

La serpiente que trae la lluvia

Los indígenas de la región de Arnhem, en el extremo norte de Australia, evocan la importancia de la lluvia para su supervivencia en esta pintura rupestre que representa la serpiente del arco iris. Según sus creencias, la serpiente, que habita en las charcas permanentes de la zona, envía la lluvia que pone fin cada año a la estación seca.

El calendario solar

Calendario Solar

En muchas sociedades antiguas, el Sol era primordial para la vida. En el calendario azteca, grabado en piedra, el Sol está colocado en el centro para mostrar su influencia dominante; las estaciones se sitúan en el perímetro, girando alrededor del Sol.

Una historia bíblica sobre el tiempo

Arca de Noe

Noé sube al arca una pareja de animales de cada especie para asegurar su supervivencia en la mayor inundación que había conocido el mundo. Según la Biblia, esos cuarenta días lluvia debían limpiar los pecados del mundo. La leyenda babilónica explica una historia similar. Parece que ambas historias se basan en un mismo acontecimiento histórico que unas excavaciones en Irak han confirmado: una gran inundación que tuvo lugar entre el 3000 y el 2000 a.C.