Juan Miguel González Mármol presenta astroyciencia.com: Astronomía y ciencia.






La Luna

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El Sol

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Encédalo: Luna de Saturno
Encélado: Luna de Saturno

Púlsares
Imagen de un pulsar

¿Cómo observar los satélites artificiales?
¿Cómo observar los satélites artificiales?


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Las nebulosas más activas de la Galaxia

Categoría: Curiosidades, Nebulosas | Dejar un comentario »

Publicado por Juan Miguel


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En este mismo momento en las nebulosas desperdigadas por nuestra galaxia la Vía Láctea, están naciendo estrellas. Entre las nebulosas más activas de la Vía Láctea se encuentran:

– La nebulosa de Orión, una neblina verdosa que se hincha alrededor de un grupo resplandeciente de estrellas llamado el Trapecio. Situada en la espada de Orión, tiene unos 30 años luz de diámetro, por lo que es la mayor nebulosa de la Vía Láctea.

Trapecio de la nebulosa de Orión

– La nebulosa de la Cabeza del Caballo, una nube interestelar fría que borra la luz de las estrellas que tiene detrás. Situada cerca de la estrella Alnitak del cinturón de Orión, la silueta se paree llamativamente a la de un caballo.

– La nebulosa Roseta en la constelación del Unicornio, una guirnalda de luz punteada de estrellas, protoestrellas y misteriosos claros, todo alrededor de un grupo de brillantes estrellas jóvenes.

– La espectacular nebulosa del Águila en la constelación de la Serpiente.

– La nebulosa del Cono en la constelación del Unicornio, una silueta oscura y sobresaliente, coronada de estrellas, que se recorta contra la niebla lechosa.

– La nebulosa de la Laguna en Sagitario, una nube incandescente casi partida por la mitad por una franja de polvo.

Nebulosas de la Laguna y Trifida

– La nebulosa del Saco de Carbón en la Cruz del Sur, una nebulosa oscura que parece un agujero dentro de la Vía Láctea (de ahí su nombre).

– Y por último, la nebulosa estelar más impresionante de todas es la nebulosa de la Tarántula en la Gran Nube de Magallanes, una pequeña galaxia que acompaña a la Vía Láctea. Ésta nebulosa es tan grande y luminosa que aventaja con mucho a todas las nebulosas del cielo, alberga algunas de las estrellas más grandes, más brillantes y con mayor masa del universo.

Basura espacial

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Publicado por Juan Miguel


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Si alunizaran en la Luna visitantes de otra galaxia, sabrían que alguien estuvo allí antes. Dentro de millones de años, las huellas de los astronautas seguirán incrustadas en el polvo del suelo lunar y las más de veinte toneladas de basura de alta tecnología y alto precio abandonadas allí por los programas espaciales estadounidense y soviético, seguirán emporcando el paisaje lunar. Los visitantes de mundos lejanos verán los desechos de los programas espaciales: satélites caídos, fragmentos de cohetes, robots exploradores, buggies lunares apenas utilizados, sismógrafos, reflectores de láseres y un surtido de herramientas y piezas de equipamiento abandonado simplemente para aligerar la carga. Además, encontrarían varias medallas, una estatua conmemorativa de los astronautas que murieron en el cumplimiento del deber, una bandera de Estados Unidos, tres cámaras fotográficas, dos pelotas de golf, una fotografía enmarcada en plástico de la familia de un astronauta, un alfiler y una pluma de halcón.
Si visitaran Venus o Marte encontrarían en esos lugares parecidas señales hechas con piezas de deshecho de tecnología terrestre.

basura-espacial

Y además está la basura de la órbita. Durante el primer paseo espacial estadounidense el astronauta Ed White dejó caer un guante en la eternidad. En 1966 Mike Collins perdió una cámara Hasselblad durante un paseo espacial; y durante una misión Apolo de 1971 salió aspirado al espacio un cepillo de dientes. Hubo un peine y un destornillador dando vueltas alrededor de la Tierra, y las estaciones espaciales soviéticas lanzan a menudos bolsas de desperdicios. Como otros muchos objetos puestos en órbita desde que se inició la era espacial en 1957, la mayoría de estos objetos han regresado a la atmósfera y han resultado incinerados. Pero literalmente miles de satélites y de naves espaciales, operativas y de otros tipos, enteras o fragmentariamente, siguen rotando alrededor de la Tierra, entre otros objetos motores auxiliares del tamaño de pequeños edificios de vecinos y la parte del módulo lunar del Apolo 10 que tiene el tamaño de un camión. El 30 de septiembre de 1988 un mínimo de 7.122 objetos, lanzados por Estados Unidos, Unión Soviética, la Agencia Espacial Europea, China, Japón e Israel, seguían allí arriba, constituyendo un peligro para otros vuelos.

Y aún están los fragmentos, diminutos cascotes de los programas espaciales, ninguno mayor de un centímetro pero lo bastante grandes para causar daños: como el trocito de pintura que chocó con el Challenger en un vuelo de 1983 e hizo un cráter de 6,35 milímetros en una ventana. Los dos telescopios de 31 pulgadas que rastrean el cielo desde el MIT en pos de restos en órbita han descubierto casi 48.000 satélites adolescentes (de entre 13 y 19 años) mayores de un centímetro. A la velocidad correcta, los objetos de este tipo que chocaran con una fase apagada de cohete, o bien, pongamos por caso, contra un traje espacial, podrían pulverizarlo, “la resultante nube de detritos, que se desperdigara por nuevas órbitas, podría fácilmente constar de 40.000 objetos del tamaño de un centímetro y 10 millones del tamaño de un milímetro. Estos trozos podrían colisionar luego con otras naves espaciales, produciendo aún más fragmentos según un crecimiento exponencial.”

En cuanto a los fragmentos menores de un milímetro, los hay en el espacio en unas cifras demasiado grandes para imaginarlas. Los pequeños impactos descubiertos en los satélites recuperados hacen pensar que “hemos creado un número comprendido entre 10.000 millones y cientos de billones de objetos orbitantes cuyo tamaño oscila entre 1 y 100 micras”. Las partículas, testimonio de nuestras tentativas de explorar el universo, envuelven nuestro planeta azul en un halo de basura.

Constelaciones Perdidas

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Publicado por Juan Miguel


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Un aura de fatalismo clásico envuelve las ochenta y ocho constelaciones reconocidas. Pero no nos engañemos. Aunque cuarenta y ocho fueran citadas por Ptolomeo y por lo tanto pueden considerarse con razón clásicas, las restantes han sido inventadas en los últimos siglos. La Cabellera de Berenice fue añadida por Tycho Brahe en 1590. Johannes Bayer agregó once constelaciones, todas ellas representadas en su ornado atlas celestial de 1603. La Corona Austral se añadió en 1679. En 1690 Elisabeth Hevelius, viuda del astrónomo de Danzig Johannes Hevelius, presentó un catálogo con once nuevas constelaciones, entre ellas la del Lagarto y la del Escudo de Sobieski.

Pero muchas constelaciones se han descompuesto. Entre las constelaciones que se han desmenuzado por los cielos están:

Antínoo. No se trata de una figura mitológica sino de un personaje real. Antínoo iba navegando Nilo abajo en 130 d. C. con su amante, el emperador Adriano, cuando se ahogó, fuese por accidente o como consecuencia de la resolución suicida de cumplir la predicción de un oráculo y salvar a Adriano sacrificándose él. Adriano fundó una ciudad, Antinópolis, en memoria de su amante, y dos décadas después Ptolomeo incluyó Antínoo dentro del Águila. Aparece en un atlas estelar de 1551, catalogada como una constelación de Tycho Brahe… y finalmente fue eliminada de la ciudad celestial.

antinoo-constelacion

Taurus Poniatowski. Inventada en 1777 en honor de Estanislao II Augusto Poniatwski, rey de Polonia, ha quedado incluida en Ofiuco.

Taurus-constelacion

– Cierto número de constelaciones técnicas por Johann Bode, entre las que se contaban el Telescopio de Herschel, el Globo, la Máquina Eléctrica y la Imprenta. Estas constelaciones rechazadas podrían parecer demasiado mundanas para que merecieran mencionarlas, pero téngase presentes: los cielos están llenos de constelaciones de esta clase de objetos. Muchos de estos fueron propuestos en 1752 por Nicolas Louis de Lacaille, cuyos mapas de los firmamentos meridionales incluían, entre otras constelaciones aún vigentes, Telescopio, Microscopio, el Escultor, Horno, Octante, Reloj, Bomba de Aire y una poco luminosa constelación, en un primer momento denominada Red Romboidal y hoy conocida como Retículo.

El telescopio de Herschel La constelación del Globo

Constelación de la Máquina Eléctrica constelación de la imprenta

Noctua el Búho, que desapareció de los mapas del firmamento junto con su predecesora, Turdus Solitarius (el Tordo Solitario).

La constelación del buho

Los ríos Tigris y Jordán, que sencillamente nunca cuajaron.

– el Lirio y el Cerbero (una serpiente de tres cabezas y no un perro), rechazadas ambas en el siglo XVII.

La constelación del Cerbero

Tarandus (el Reno), una constelación del siglo XVIII.

La constelación del Reno

Felis el Gato, una constelación recomendada por Joseph Jérôme Le Français de Lalande (“soy muy aficionado a los gatos” se explicó), descrita en Uranographia, el atlas estelar de Bode de 1801, y rechazada por razones incluso hoy incompresibles.

Constelación de Feliz el Gato

Por último, aunque la mayor parte de los comentaristas se han limitado a esperar que se agregue alguna constelación predilecta a las ya aceptadas, unos pocos tuvieron ideas más grandiosas. En 1688, por ejemplo Erchard Weigel esperaba volver a dibujar los cielos utilizando motivos heráldicos en honor a las familias reinantes en Europa. Pero ningún intento fue tan ambicioso como el de Julius Schiller, un católico comprometido que, poco antes de su muerte, reorganizó las estrellas en:

Las constelaciones cristianas. Schiller contó con alguna ayuda de Johann Bayer, pero Bayer murió en 1625 y Schiller en 1627, y la responsabilidad del catecismo celeste pasó a Jacob Bartsch, el yerno de Kepler, quien se aseguró de que los nuevos dibujos fueran debidamente publicados. En este plan, Aries se convirtió en san Pedro, Tauro en san Andrés, Orión se metamorfoseó en José, Perseo fue rebautizado en san Pablo, Casiopea pasó a ser María Magdalena, la Osa Mayor se convirtió en la barca de san Pedro, y así sucesivamente.

Los Santos en el Cielo

Ninguna de estas designaciones ha perdurado.

¿Cómo saber si has encontrado un meteorito?

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Publicado por Juan Miguel


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¿Cómo encontrar ese tesoro enterrado procedente del espacio exterior?

Pongamos que estás un buen día cavando en tu patio, buscando los huesos de un dinosaurio o una cabeza de flecha india, cuando de pronto desentierras una piedra que te sorprende por ser especial. ¿Cómo puedes saber si se trata de un meteorito? A menudo no se puede saber, en último término, muchos meteoritos van pareciéndose cada vez más a las rocas de la Tierra conforme pasa el tiempo. Pero si la piedra es oscura, ésta forrada en parte por una costra negra y tachonada de glóbulos vidriosos, redondos y ovalados, puede estar bastante seguro de que es una piedra meteorítica; concretamente, un condrito. Los meteoritos ferrosos son aún más fáciles de reconocer. Según Harvey H. Nininger, cuya vida estuvo dedicada a coleccionar meteoritos (por los que pagaba a dos dólares el kilo), un meteorito ferrosos se parece a una “vieja lata herrumbrosa y abollada, pero que por supuesto es muy pesada”.
Otra clave es que los meteoritos ferrosos están cubiertos de bordes dentados con aspecto de huellas dactilares sobre barro blando; estas impresiones se producen cuando los meteoritos se estrellan en la atmósfera. La superficie del meteorito se derrite con el calor de la fricción y le arranca la fuerza con que se mueve por el aire.

Condritos:
condrito-meteorito

Meteoritos Ferrosos:
meteorito-ferroso

Meteorito ferroso con bordes dentados:
250px-Sikhote_Alin_Meteorite

La estrella Tau Ceti – El espejo del Sol

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Publicado por Juan Miguel


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En la constelación de la Ballena no hay aparentemente nada especial, puesto que esta constelación apenas destaca en el conjunto del cielo. Allí, pero, residen algunas de las estrellas más especiales que pueden ver nuestros ojos, entre ellas Mira, la maravillosa variable que se enciende periódicamente como si fuera una candela en la noche. Compañera suya de constelación, la estrella Tau Ceti no destaca si la observamos por telescopio: la veremos como un puntito luminoso de color amarillento, pero no especialmente brillante. No es, ni siquiera, de las estrellas más bellas, pero su personalidad estelar tiene bastante importancia para el hombre, porque se trata de un alma gemela del Sol.

Estrella Tau Ceti
He marcado Tau Ceti en la constelación de la Ballena para que podáis localizarla, tiene una magnitud absoluta de 5,6.

Como alfa Centauri, a Tau Ceti le cabe el orgullo de ser una estrella cercana a nosotros con características prácticamente idénticas a las del Sol. Observada por el telescopio, podemos deducir que así es como veríamos al Sol si lo hiciéramos desde allí; prácticamente no habría grandes diferencias, porque nuestra estrella también sería un escueto punto de luz perdido en el espacio si nuestros ojos la atisbaran desde la distancia de casi 12 años luz que separa a ambas.

Los científicos no han sido ajenos a las señas de identidad de Tau Ceti. Algunos de ellos, como Frank Drake, se fijaron en ella para afrontar uno de los programas más serios realizados hasta la fecha para captar posibles señales de radio de alguna hipotética civilización extraterrestre, y aunque el proyecto no se tradujo en resultados concretos, nada permite descartar que esta monótona estrella de la constelación de la Ballena sea uno de los tesoros biológicos próximos al Sistema Solar.

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