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Los símbolos de los meses en los calendarios solares Maya y Azteca

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Calendario Maya

Calendario Maya

Calendario Solar Maya
Símbolo Lectura Significado
Pop Estera
Uo Oscuridad
Zip Negro
Zotz Murciélago
Tzec Penitencia
Xul Perro o fin
Yaxkin Joven sol
Mol Reunir
Chen Cenote o pozo
Yax Primero o verde
Zac Blanco
Ceh Rojo
Mac Cerrar
Kankin Sol maduro
Muan Lechuza
Pax Tambor
Kayab Loro
Cumkú Homo sagrado

 

Calendario Azteca

Calendario Solar Azteca
Lectura Significado
Atlcahualo Sequía
Tlacaxipehualiztli Desollamiento
Tezoztontli Pequeña velada
Hueytozoztli Gran velada
Toxcatl Cosa seca
Etzalcualiztli Comida
Tecuilhuitontli Pequeña fiesta
Hueytecuilhuitl Gran fiesta
Tlaxochimaco El de las flores
Xocothuetzi El de los frutos
Ochpanitztli Recogida
Teotleco Llegada de los dioses
Tepeilhuitl Fiesta
Quecholli Flamenco
Panuetzaliztli Izado de banderas
Atemoztli Baja el agua
Tititl Estiramiento
Izcalli Resurrección

La medida del tiempo en las culturas mesoamericanas

Categoría: Historia de la Astronomía | Comentarios desactivados en La medida del tiempo en las culturas mesoamericanas
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Medida del tiempo en la cultura Mesoamericana

En las culturas de Mesoamérica, es decir, de lo que actualmente conforma el sur de México y los países de Centroamérica, la práctica de la astronomía era extremadamente importante. Los dioses están presentes en sus concepciones astronómicas y en el orden del Universo. El tiempo es un factor omnipresente en sus cosmologías la elaboración de sus complejos calendarios demuestra la preocupación por capturar su esencia.

Es común encontrar separadas en muchas investigaciones la descripción de las astronomías de los pueblos maya y azteca, por lo que es interesante destacar que en el origen de estas culturas, en algún momento del primer milenio antes de Cristo, se fraguó una de las formas más singulares de entender y medir el tiempo.

Este sistema se basaba en el discurrir continuo, y en paralelo, de dos calendarios diferentes, uno de 260 días, llamado Tzol-kin dentro del ámbito de la cultura maya y Tonalpohualli por los aztecas (o méxicas, como también se les llama), y otro de 365 días, llamado Haab por los mayas yucatecos y Xiuhpohualli por los aztecas. Cuando los españoles llegaron a principios del siglo XVI, ambos se usaban en una muy extensa región que iba desde el altiplano en México hasta las selvas de Honduras y El Salvador, y estaban presentes tanto en las estelas de la cultura maya clásica como en la cultura azteca de la época de la conquista.
El uso de un mismo calendario y de su difusión en grandes áreas geográficas y en una amplia banda temporal es uno de los referentes del área cultural a la que se denomina hoy Mesoamérica en la literatura especializada.

El calendario de 260 días era un calendario ritual, dedicado casi exclusivamente para fines astrológicos, puesto que su uso continuado para razones prácticas, como el control de las estaciones o de los periodos agrícolas, era obviamente inútil. Contaba de una sucesión continua de 20 días, cada uno caracterizado con un símbolo, en 13 periodos ordenados sucesivamente, de modo que cada día era representado por un numeral y un símbolo. Los símbolos eran ligeramente distintos en los calendarios maya y azteca, e incluían animales (jaguar, mono, cocodrilo, serpiente), objetos (cuchillo pedernal, casa, cera), fenómenos naturales (viento, noche, inundación, lluvia), plantas (maíz, caña, hierba, flor) y conceptos más trascendentes como «muerte» y «movimiento». En el calendario maya, el octavo día, Lamat, lleva el símbolo del «Lucero del Alba», es decir, Venus, que tuvo gran importancia tanto en esa cultura como en la azteca.

Existen varias hipótesis acerca del origen de ese número de días, 260, en este calendario. Una muy interesante es que este calendario se pudo crear en una zona en el que los días del paso del Sol por el zenit (29 de abril y 13 de agosto según nuestro calendario) dividen el año en dos partes desiguales de 260 y 104 días respectivamente. Esto ocurre en lugares cercanos al paralelo 15° N. Izapa, uno de los lugares emblemáticos del periodo preclásico de los mayas, estaba situada muy cerca de esa latitud.

El segundo calendario, que servía para medir el tiempo de una forma práctica, era un calendario solar de 365 días, formado por 18 meses de 20 días cada uno, más un mes corto de cinco días adicionales. Un sencillo cálculo permite deducir que el ciclo de los dos calendarios discurriendo en paralelo volvía a coincidir cada 73 años rituales o 52 años solares. Este periodo fue famoso en las culturas mesoamericanas y los aztecas lo denominaron «gavilla de años» conmemorándolo con una ceremonia de encendido del «Fuego Nuevo». El calendario solar, de una forma similar a lo
que sucedía con el calendario egipcio, se iba desfasando poco a poco con respecto a la llegada de las estaciones. Se han sugerido varias hipótesis, como por ejemplo el añadir días adicionales sin nombre o el establecimiento de un calendario regido por eventos astronómicos particulares, como los ortos y ocasos de estrellas brillantes, el paso del sol por el zenit, los solsticios y los equinoccios; sin embargo, aunque hay algunos vestigios etnográficos y arqueológicos apuntando a las dos posibilidades, no existe ninguna prueba fehaciente que favorezca de manera rotunda una de las dos opciones.

Los cinco soles Aztecas

Categoría: Historia de la Astronomía | 1 Comentario »
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Los mitos aztecas consideraban que el mundo había existido no una, sino cuatro veces consecutivas, en eras cuyo final estaba marcado por cataclismos. Cada uno de los ciclos estaba definido por un Sol, y los aztecas creían que vivían en la era del Quinto Sol. Durante todas estas edades aparecieron formas cada vez más perfectas de seres humanos, plantas y alimentos.

Quizá a partir de los viejos cultos al Sol y a la Tierra, concebidos como principio fecundante y como madre universal, se llegó al concepto de una deidad suprema de naturaleza dual. Los antiguos himnos la invocaban siempre en singular, llamándolo Ometeotl, «Dios dual», el cual, en una misteriosa concepción cósmica, dio origen a todo cuanto existe. En un primer desdoblamiento de su propia esencia hizo nacer a Tezcatlipoca, o «Espejo que ahuma». Con una de las formas de este dios se identificará muchas veces Quetzalcoatl, la «Serpiente emplumada», símbolo de la sabiduría divina. La Tierra se organizaba en cinco direcciones: el centro y los cuatro puntos cardinales. Cada uno de estos últimos tenía el color emblema de las diversas formas del Tezcatlipoca (blanco, rojo, azul y negro). Sobre la Tierra se extendían 13 cielos donde vivían los dioses, desde el primero para Meztli, la Luna, hasta el más alto, la morada de Ometeotl, el dios primigenio. Este esquema de 13 cielos es análogo al de la cosmología maya y, como en el caso de los calendarios, no hace más que añadir argumentos a los lazos comunes entre las dos culturas.

Es fascinante imaginar los mitos de cada uno de los Soles:

– El Primer Sol, Nahui-Ocelotl, una manifestación de Tezcatlipoca en forma de jaguar estrellado, brilló sobre un mundo poblado por gigantes que fue destruido por jaguares.

– El Segundo Sol, Nahui-Ehecatl la manifestación de Quetzalcoatl como dios del viento, correspondió a un mundo que fue destruido por huracanes. Los humanos se transformaron en monos.

– El Tercer Sol, Nahui-Quiauhtl, manifestación del dios del viento y de la lluvia Tlaloc, brilló sobre un mundo que fue destruido por la furia de los volcanes y lluvias de fuego. Los humanos se transformaron en perros.

– El Cuarto Sol, Nahui-Atl, manifestación solar de la diosa Chalchiutlicue, esposa de Tlaloc, brilló hasta que el mundo fue destruido por un enorme diluvio que lo inundó. Los humanos se transformaron en peces.

– El Quinto Sol, Nahui-Ollin, el «Movimiento», representado con forma de alas de mariposa, brillaba sobre el mundo de los aztecas que crearon estos mitos, un mundo que estaba destinado a perecer debido a terribles terremotos. Para evitarlo, lo alimentaban con sangre y corazones humanos. Un auténtico terremoto devastó Tenochtitlan en 1521 y pocos años más tarde el Quinto Sol azteca se apagó para siempre con la caída del imperio.

Los primeros astrónomos y los augurios en el cielo

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Publicado por Juan Miguel


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Calendario para la siembraLos descubrimientos arqueológicos muestran que los primeros astrónomos-astrólogos aparecieron en Mesopotamia. Esta casta sacerdotal se dedicaba al estudio de los cielos nocturnos en busca de augurios para los gobernantes.
La primera gran civilización mesopotámica fue la de Sumeria, surgida en el cuarto milenio a. C. Los sumerios idearon el arado, los vehículos con ruedas, los grandes proyectos de irrigación y la escritura. Acumularon también una cantidad significativa de mitos celestes que pasaron a sus sucesores, babilonios y asirios.
Los pueblos de Babilonia y Asiria desarrollaron, a partir del legado sumerio, una compleja comprensión de los cielos y sus patrones. Diseñaron calendarios para la siembra y lograron predecir los eclipses de Luna con exactitud. Los babilonios inventaron la medida de ángulos en grados.
La mayor parte de la sabiduría astronómica pasó casi inalterada de Mesopotamia a los griegos. Los griegos adoptaron, por ejemplo, el grado, e importaron constelaciones tan familiares como las de Auriga, Géminis, Leo, Capricornio y Sagitario, limitándose a traducir al griego sus nombres mesopotámicos.

ESTRELLAS RITUALES

Las civilizaciones antiguas fuera de Mesopotamia también desarrollaron sus propios mitos celestes. En Egipto, los desbordamientos periódicos del río Nilo controlaban la vida al irrigar y fertilizar los campos. Los astrónomos-sacerdotes egipcios predecían los desbordamientos atendiendo a la fecha en la que la estrella Sirio salía justo antes que el Sol. El cielo reflejaba los dioses egipcios:
Nuestro Orión era Osiris, y la Vía Láctea representaba a la diosa Nut dando a luz al dios del Sol, Ra.
Los astrónomos chinos observaron con precisión las estrellas, los planetas, las supernovas y los cometas. Alrededor del año 1.300 a. C. elaboraron lo que quizá sea el primer calendario del mundo. Al igual que en Egipto y Mesopotamia, no distinguían entre astronomía y astrología: se consideraba al emperador como un enlace personal entre el cielo y la tierra. Los astrónomos se dedicaban a predecir el futuro y, mediante rituales, a contrarrestar contrarrestar los malos augurios y potenciarlos buenos.

EL NUEVO MUNDO

En el Nuevo Mundo, los astrónomos-sacerdotes de las civilizaciones maya y azteca realizaron amplias observaciones de los cuerpos celestes. Los mayas poblaban el sur de México, y florecieron entre el siglo III a. C. y el siglo IX de nuestra era. Basaron su cosmología en la repetición de configuraciones entre las estrellas y los planetas, especialmente Venus, asociado al dios de la lluvia.
Para los aztecas, que dominaron lo que hoy es el centro de México durante dos siglos antes de la conquista española de 1.520, Venus representaba al dios Quetzalcóatl. Esta serpiente emplumada encarnaba la fuerza vital que surge de la tierra, el agua y el cielo. Se requerían rituales y sacrificios sangrientos para aplacar a este dios cada una de las cinco veces que Venus desaparecía y reaparecía en su ciclo de ocho años.
Para las culturas insulares del océano Pacífico, la astronomía constituía sobre todo un arte práctico. En las islas Gilbert de Micronesia, por ejemplo, no existe una palabra para designar a los astrónomos, sino que corresponde a los navegantes conservar la sabiduría celeste. Las estrellas y los planetas salen y se ponen en los trópicos formando ángulos rectos con el horizonte, de manera que un astro brillante puede servir de guía durante muchas horas sin riesgo de perder el rumbo. Los navegantes aprendían historias acerca de los cielos que contenían datos sobre rumbos, y usaban mapas hechos de varillas y caparazones para representar las islas y los patrones de olas.

Quetzalcóatl, la serpiente de piedra

Categoría: Historia de la Astronomía | 8 Comentarios »
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Siguiendo con el paseo por la historia de las culturas en relación con la astronomía, hoy os presento a Quetzalcóatl.

Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, era el dios más importante de los aztecas. En sus diversas formas, personificaba el Sol, los vientos y Venus.

Quetzalcóatl, Serpiente de Piedra

Conocido como “Serpiente Emplumada“, fue el rey máximo de donde se originaron los troncos de los diversos reinos (toltecas, mexicanos o mayas).

Es considerado como la versión del mesías para los mayas y reverenciado en la mitología azteca.
Nace de un pedernal y fue engendrado por los dioses creadores, quienes le encargaron diferentes trabajos, como cargar el cielo o fundar dinastias.

Quetzalcóatl fue el Creador de los cinco soles o edades cósmicas de los hombres, dador de vida a costa de su sangre, como en el caso del maíz, ya que fue el que, junto con Tláloc, se lo arrebató a las hormigas para que los hombres se alimentaran.
Según la leyenda cayó en una trampa que le tendió Tezcatlipoca, quien le hizo beber varios tragos de pulque, supuestamente beneficioso para la salud, pero Quetzalcóatl, avergonzado por haber perdido su entereza y equilibrio, salió de Tollan, la capital tolteca, y fue al este hacia “el lugar de la quema”, vaticinó su regreso y se incineró.
Sus devotos, para venerarlo, se sacaban sangre de las venas que están debajo de la lengua o detrás de la oreja y untaban con ella la boca de los ídolos. La efusión de sangre sustituía el sacrificio directo.

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