El éxito en la fotografía del cielo diurno depende en buena medida de la comprensión de la naturaleza de la misma luz. Aunque se la suele describir como luz blanca, es una mezcla de diferentes longitudes de onda que cuando se separan, por ejemplo al atravesar las gotitas de agua de la atmósfera, despliegan sus distintos colores en un arco iris. Hay otros factores, como la hora del día y la época del año, que afectan así mismo al aspecto de la luz y, por consiguiente, al de los objetos iluminados.

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La práctica totalidad de las cámaras fotográficas son adecuadas para las tomas con luz diurna. Lo más conveniente es que se traten de cámaras reflex capaces de admitir diferentes objetivos, desde un gran angular de 24 mm para las panorámicas a cielo abierto, hasta un teleobjetivo de 200 mm para captar las formaciones de nubes lejanas.

Los filtros que suelen utilizarse son:
Uno UV (ultravioleta), incoloro, destinado a minimizar los efectos de la bruma atmosférica.
Otro polarizador para eliminar de la escena la luz polarizada que reduce el contraste.
Y una serie de filtros amarillos, rojos y verdes de diferentes intensidades para incrementar el contraste entre las nubes y el cielo.

Las fotografías que se obtienen del cielo suelen ser decepcionantes, faltas de contraste y sin rasgos característicos. El contraste depende del tipo de nubes, la dirección de la luz y el tiempo de exposición ajustado en la cámara. Al medir la luz debe ponerse cuidado para excluir al Sol, aunque sea a través de la pantalla de nuestra cámara, recordamos que los daños en la vista pueden ser irreparables. Cuando el astro se encuentra parcialmente oculto, resulta también peligroso e indicará en el fotómetro que dejará la mayor parte de la escena subexpuesta.

Uno de los tipos de nubes más sencillos de fotografiar son los cúmulos brillantes que, a menudo, se presentan frente a un cielo de color azul intenso. Más difíciles resultan los cirros, que suelen formarse en cielos pálidos. Los nimbos bajos son los que con mayor frecuencia causan problemas. Estas nubes grises carecen de brillo, no se modelan y se reproducen en la imagen como si fueran planas. Disparar hacia las nubes del horizonte es complicado, pues el horizonte tiende a aclararse sobreexponiendo también la imagen, deberas ajustar la exposición más baja de lo normal.

Imagen extraída de mi galería de Flickr

A veces puede aprovecharse la neblina atmosférica para obtener buenos efectos y como indicador de profundidad y de perspectiva en las imágenes, pero lo que hace con mayor frecuencia es oscurecer el verdadero tema. Sin embargo, hay momentos del día en los que se la puede evitar. Esas brumas tienden a aumentar cuando el Sol calienta la atmósfera, por lo que conviene tomar las fotografías en las primeras horas, después del amanecer, y hacia el final de la jornada.

Muchas fotos de gran efecto dependen de estar en el lugar adecuado en el momento preciso. La iluminación, por ejemplo, no resulta difícil de registrar, pero serán necesarios un trípode y ajustar el tiempo de la fotografía. El uso de flash en fotografía diurna no es aconsejable, siendo únicamente positivo el uso del flash a primeras y últimas horas del día para rellenar con algo de luz nuestra imagen, usando una abertura de f11.

Juan Miguel
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