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Un asteroide del tamaño de un autobús pasará hoy 27 de Enero de 2012 cerca de la Tierra

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Publicado el 27 de Enero de 2012 por Juan Miguel

Un asteroide del tamaño de un autobús pasará muy cerca de la Tierra en la tarde del viernes, aproximándose a una distancia de unos 60.000 kilómetros (menos de una quinta parte de la distancia que separa nuestro planeta de la Luna), según ha informado la NASA. Los expertos de la agencia espacial estadounidense, sin embargo, aseguran que no existe peligro alguno de colisión.

El asteroide recién descubierto, bautizado como 2012 BX34, mide 11 metros de diámetro y ha alcanzado su máxima aproximación a las 17 (hora peninsular española), anunció el Progama de Observación de Asteroides de la NASA. Su tamaño, por tanto, no suponía ningún riesgo.

El asteroide Lutetia, captado por la sonda Rosetta

Según informaba la página web Spaceweather.com era probable que muchos aficionados pudieran ver el asteroide justo antes de aproximación máxima el viernes.

“Se trata de una de las aproximaciones más cercanas jamás registradas”, ha explicado Gareth Williams, vicedirector del centro de investigación Minor Planet, en EEUU, en declaraciones a la BBC. “Se encuentra en el ‘top 20′ de asteroides que más se han acercado a la Tierra, pero no hay absolutamente ninguna posibilidad de que nos impacte”, asegura este experto.

“No podría penetrar nuestra atmósfera ni aunque quisiera”, dijeron via Twitter los científicos del Programa de Observación de Asteroides. Lo que sí se espera es que el asteroide ofrezca un magnífico espectáculo cósmico para todos los aficionados a la astronomía que tengan un telescopio adecuado para observarlo.

Los científicos de la NASA vigilan continuamente las trayectorias de los asteroides que podrían suponer una amenaza para la Tierra. Se calcula que las rocas con un tamaño de 140 metros podrían provocar graves daños si colisionaran con la Tierra, pero tendrían que ser incluso mayores de ese tamaño para provocar un ‘armagedón’ a escala global.

El pasado mes de septiembre, la NASA anunció que había logrado catalogar el 90% de los asteroides más grandes cuyas órbitas podrían aproximarles a la Tierra, un objetivo crucial para controlar la amenaza de una posible colisión. Gracias a la misión WISE de la agencia espacial estadounidense, los expertos calculan que existen unos 981 asteroides cerca de la Tierra con un tamaño superior al de una montaña, y 911 de estas rocas ya han sido localizadas.

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    Categoría Curiosidades, Noticias | Dejar un comentario »

    Publicado el 27 de Enero de 2012 por Juan Miguel

    La Nasa acaba de lanzar la imagen más precisa de la Tierra. La fotografía, llamada ‘Canica Azul’ (‘Blue Marble’), ha sido tomada con el instrumento VIIRS, que forma parte del equipamiento del último satélite de observación de la Tierra lanzado por la agencia espacial norteamericana, el Suomi NPP.

    La imagen es una composición realizada con una serie de franjas de la superficie de la Tierra tomadas el 4 de enero de 2012.

    El satélite NPP pasó a llamarse ‘Suomi NPP’ el 24 de enero de 2012, para honrar a Verner Suomi, uno de los científicos pioneros en el desarrollo de sondas para analizar el clima terrestre.

    La imagen más precisa de la Tierra

    Una nueva generación de satélites

    El fallecido meteorólogo de la Universidad de Wisconsin es conocido como “el padre del satélite meteorológico”.

    Suomi NPP es el primero de una nueva generación de satélites que observarán diversas facetas de los cambios que está experimentando la Tierra.

    Suomi NPP lleva cinco instrumentos a bordo. El instrumento más grande y más importante es precisamente el VIIRS, un radiómetro de imágenes por infrarrojos.

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    Categoría Experimentos de Astronomía | Dejar un comentario »

    Publicado el 26 de Enero de 2012 por Juan Miguel

    Los mapas del cielo indican las posiciones de las constelaciones con respecto a otras, pero no incluyen escala. Si queremos orientarnos en la bóveda celeste, es necesario además conocer la distancia entre las constelaciones vistas por un observador terrestre y saber situar y medir un ángulo en el cielo.

    Fundamento

    Para medir los ángulos en el cielo el método más simple consiste en utilizar nuestras manos (imagen 1). Con el brazo extendido delante de nosotros, una mano abierta corresponde aproximadamente a 20°, el puño cerrado a 1O°, el largo del pulgar a 2°.

    Medir el cielo con las manos

    Por ejemplo, partiendo de la Osa Mayor, podremos localizar con ayuda de este método las constelaciones de la imagen 2. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en función de la hora y la fecha no son visibles todas las constelaciones. En nuestras latitudes, el período más favorable para observar Leo es entre febrero y junio, primavera y verano para ver Arturo, entre noviembre y mayo para Géminis, y entre junio y diciembre para el Triángulo de verano. La Osa Mayor y Casiopea están siempre visibles.
    Pero este método no es muy preciso, puesto que el ángulo depende de la talla de la mano y del largo del brazo. El compás astronómico es mucho más exacto. Además, puede servir para dibujar una constelación o un grupo de constelaciones.

    Clic para ampliar
    Distancias angulares entre las constelaciones

    Material

    - Encuadernador
    - Cartulina (20 cm X 10 cm)
    - Tijeras
    - Pegamento

    Construcción

    - Reproduce las dos tiras (1) en una hoja de cartón. Recórtalas y dobla por la línea de puntos.
    - Perfora los dos orificios y une las dos tiras con un encuadernador (2). Puedes construir este compás astronómico también en madera, eliminando las dos tiras que hay que doblar.

    Plantilla para construir un compás astronómico

    Utilización

    EI compás astronómico permite localizar con exactitud dos estrellas y determinar su distancia angular: por ejemplo, si localizamos Benetnash, en la Osa Mayor, y Arturo, en el Boyero, podemos comprobar con un transportador que el ancho del compás equivale a 30°, tal como indica la figura 2.
    El compás astronómico permite también dibujar una constelación o un conjunto de estrellas. En este caso, medimos la distancia entre las distintas estrellas y la representamos e una hoja. En la imagen 3, podemos verla aplicación practica de este método referido al Triángulo de verano.
    Sin embargo, dicho método sólo permite representar pequeñas partes del cielo, ya que por encima de éstas, las deformaciones entre la bóveda celeste esférica y la hoja de papel plano serían considerables.

    Utilización del Compás astronómico

    Imagen 3. Método para dibujar el Triángulo de verano con el compás astronómico. a. Medimos la distancia entre Deneb y Altair. b. En una hoja, trazamos dos estrellas a esta misma distancia. c. Medimos la distancia entre Vega y Altair. d. Partiendo de esta distancia, trazamos un arco de circunferencia cuyo centro sea Altair. e. Medimos la distancia entre Deneb y Vega. f. Partiendo de esta distancia, trazamos un arco de circunferencia cuyo centro sea Deneb: de este modo obtenemos la localización de Vega.

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    Categoría Experimentos de Astronomía | Dejar un comentario »

    Publicado el 26 de Enero de 2012 por Juan Miguel

    El cielo estrellado es un espectáculo fascinante. Pero hay tantas estrellas que, antes que nada, es necesario aprender a orientarse. Para lograrlo, hay que saber localizar la constelación más famosa, la Osa Mayor. Una vez que la hayamos encontrado, podremos localizar, sin problemas, la Estrella Polar.

    Material

    - Prismáticos
    - Brújula

    Localizar la Estrella Polar

    Observación

    - Elige una noche sin Luna, con un cielo despejado y, sobre todo, sin farolas cerca.
    Observa la bóveda estrellada, primero a simple vista y después con unos prismáticos: ¿aparecen las estrellas repartidas uniformemente? ¿Tienen todas la misma luminosidad?
    - Busca en dirección norte, con ayuda de la brújula, la constelación de la Osa Mayor (imagen nº 1). Contiene, entre otras, siete estrellas brillantes que parecen formar, si las unimos, la figura de un cazo.
    - Traza una línea imaginaria entre las dos estrellas brillantes del «borde del cazo», Dubhe y Merak, y prolonga esa longitud cinco veces hacia el norte, como indica la imagen 2. Has encontrado la Estrella Polar.

    Resultados

    ¡Cuántas estrellas hay! A simple vista, sólo vemos las más cercanas a nosotros (5.000 aproximadamente). Con unos prismáticos, podemos sumar aquellas que son menos luminosas o están más alejadas. ¡Pero aún hay más! Con un instrumento más potente, conseguiríamos ver un número todavía mayor: un telescopio gigante nos permitiría localizar 5.000 millones de estrellas. Las estrellas no están repartidas uniformemente; existen «bultos», estrellas aisladas… En particular, podemos observar, sobre todo en el cielo de verano, la Vía Láctea, una gran franja blanquecina que atraviesa el cielo de lado a lado: es nuestra galaxia, y contiene de 100 a 200 mil millones de estrellas. Como vemos, no todas las estrellas tienen la misma luminosidad y, si acostumbramos nuestros ojos a la oscuridad, podemos comprobar que tampoco tienen el mismo color.

    Un apunte sobre las constelaciones

    Desde hace largo tiempo, el hombre ha necesitado conectar las estrellas vecinas para formar conjuntos significativos. Las figuras imaginarias así obtenidas reciben el nombre de constelaciones. Nosotros hemos conservado los nombres que les dieron los griegos. El mapa del cielo recoge los nombres de las principales constelaciones y estrellas. Hay nombres de animales conocidos (Camero, Toro, Gran Perro, Osa…), de animales fantásticos (Unicornio, Sagitario, Pegaso…), de héroes y personajes de la Antigüedad (Orión, Andromeda, Perseo, Casiopea…). Algunas estrellas tienen también nombres de origen árabe (Aldebarán, Sirio, Arturo, Deneb, Capella, Rigel, Betelgeuse, Vega…). La posición de las constelaciones en el cielo nos permite orientarnos de noche. Por ejemplo, partiendo de la Osa Mayor, podemos encontrar fácilmente la Estrella Polar, una estrella bastante brillante, aunque no la más brillante como algunos piensan, y que apunta siempre en dirección norte.
    También, la posición de las constelaciones nos informa sobre el lugar en que nos encontramos, las estaciones, el mes y la hora de la noche. Un cielo de invierno no es igual que un cielo de verano. La noche en Tenerife no se parece a la noche de Barcelona. Las estrellas se mueven en el cielo, y por eso su aspecto cambia en función de las horas.

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    Categoría Estrellas | Dejar un comentario »

    Publicado el 26 de Enero de 2012 por Juan Miguel

    La expansión de una estrella para convertirse en una hinchada gigante roja marca el inicio de la fase final de su vida.

    El término de la vida madura de una estrella durante la cual brilla con una luz más o menos constante a lo largo de millones de años, sobreviene cuando el suministro de hidrógeno como combustible del núcleo empieza a agotarse. Hasta ese momento, durante toda su existencia, la estrella ha generado energía mediante la fusión nuclear de los núcleos de hidrógeno; ahora, sin embargo, tiene que encontrar nuevos combustibles para continuar brillando. El cambio a la nueva manera de producir energía provoca modificaciones físicas en su estructura que la hacen mucho más brillante, al tiempo que la hinchan: la estrella ha entrado en su fase gigante roja.

    El cambio inicial a gigante roja se produce cuando las reacciones de fusión nuclear se extienden desde las regiones centrales del núcleo de la estrella hacia la capa esférica de materia que lo rodea.
    Las estrellas se componen casi por entero de hidrógeno (con cierta cantidad de helio y de otros elementos más pesados), por lo que, en teoría, no escasea el combustible que quemar, pero las reacciones de fusión requieren presiones y temperaturas inmensas y, fuera del propio núcleo, la presión centrífuga de la radiación a través de la estrella impide que el resto del material las alcance.

    Sin embargo, cuando las reacciones del núcleo se debilitan y cesan, las condiciones en el interior de la estrella empieza a cambiar.
    Al disminuir la presión de la radiación que la sostenía frente a la gravedad, la estrella empieza lentamente a desplomarse sobre si misma. Muy pronto, las condiciones en torno al núcleo alcanzan la temperatura y presión necesarias para mantener la fusión del hidrógeno y, así, vuelve a encenderse la fuente de energía de la estrella. En esta ocasión, sin embargo, lo hace con una importante diferencia: el aumento de volumen y de área superficial de la capa esférica incrementa tremendamente la producción de energía de la estrella, cuya luminosidad aumenta entre 1.000 y 10.000 veces. El súbito incremento de la energía de radiación que escapa del interior hace que el diámetro de la estrella se expanda a varios cientos de veces el anterior, por lo que el área de la superficie aumenta tremendamente. A consecuencia de ello, aunque sea muchas veces más brillante que antes, es menor la cantidad de energía que escapa por cada unidad de superficie dada, por lo que, en realidad, la estrella se enfría y enrojece. Las estrellas gigantes pueden presentar una gama de colores, según sea la relación exacta entre la producción de energía y el tamaño, pero el más común, con mucho, es el rojo.

    La fase de gigante roja es un periodo relativamente breve en la vida de una estrella. Mientras sus capas exteriores se expanden, el núcleo (ahora dominado por el helio, producto de la fusión de núcleos de hidrógeno) sigue comprimiéndose lentamente bajo su propio peso. Finalmente, se hace tan caliente y denso que el propio helio puede iniciar reacciones de fusión. Esta fusión del helio produce diversos elementos más pesados, como carbono y oxígeno. Cuando la energía empieza a inundar de nuevo la estrella desde el núcleo, el aumento del calor hace que la capa donde quema el hidrógeno se expanda, de modo que las reacciones en ella se debilitan. La luminosidad general de la estrella decae y la masa vuelve a encogerse a casi su tamaño original.

    La combustión de helio dura un periodo mucho más corto que la fase original de combustión de hidrógeno y, al cabo de no mucho tiempo, el suministro de helio en el núcleo se agota también. El penúltimo acto en la vida de muchas estrellas es una segunda fase de gigante roja: se repite el proceso de desplome antes descrito hasta que puede reiniciarse la combustión del helio en una segunda capa en torno al núcleo y la estrella empieza a hincharse de nuevo. Para muchas de ellas, esta segunda expansión no tiene vuelta atrás y las condena a terminar sus días como nebulosa planetaria. Una pequeña parte, en cambio, tiene un destino mucho más espectacular, en forma de supernova.

    Ejemplo de supergigante roja

    Betelgeuse, que se encuentra a una distancia de 427 años luz.

    Betelgeuse, ejemplo de estrella gigante roja

    Aunque sólo 15 veces más masiva que el Sol, Betelgeuse es 14.000 veces más brillante y unos increíbles 40 millones de veces más voluminoso. Si lo colocásemos en el centro del Sistema Solar, sus capas exteriores envolverían Júpiter.

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  • 160 pages