Historia de la constelación de la Hydra
Categoría: Constelaciones | 6 Comentarios »
Publicado el 22 de Enero de 2007 por Juan Miguel
Hoy os quiero presentar otra constelación, se trata de la Hydra, también conocida como la serpiente hembra. Una constelación gigantesca muy importante porque se puede ver casi desde cualquier punto del planeta. He querido publicar este artículo ahora porque ahora a finales de enero tiene lugar su etapa más visible;
Es la constelación más grande de todas y se extiende por mas de 100º de la esfera celeste. Desde cualquier punto de la Tierra se pueden ver fragmentos de Hydra, aunque el predominio de estrellas de cuarta y quinta magnitud dificultan el discernimiento de su largo cuerpo. Su estrella más brillante es Alphard; su rasgo más característico lo constituye el delicado grupo de seis estrellas ubicadas en la cabeza de la serpiente, a 15º de Procyon. Para el observador situado en las latitudes medias o por encima de latitudes medias del norte, Hydra se hallará por encima del horizonte, por lo que sólo se puede ver cuando las condiciones de visibilidad son óptimas. Las seis estrellas de la cabeza tiene su punto más álgido alrededor del 31 de enero y la porción de la cola, a unos 13º al sur de Spica, presenta su punto álgido en abril.
Historia mitológica de la constelación
Las dos pequeñas constelaciones que cabalgan en el lomo de la serpiente, Cuervo y Copa, nos invitan a diferenciar varias porciones de la Serpiente, algo que los mitógrafos han llevado a cabo con frecuencia. En el siglo XVII se estableció cuatro divisiones a esta constelación; desde la cabeza hasta la cola es conocida como Hydra; desde la cabeza hasta la constelación de la Copa, es conocida como Hydra-Copa, desde la mitad, hasta el Cuervo, se conoce como Hydra-Cuervo y el resto se le conoce como continuación de la Hydra.
El relato más conocido referido a esta serpiente es el que la asocia con la Hidra de Lerna, vencida por Heracles (Hércules) en el segundo de sus trabajos. Lerna, era una región costera fértil y sagrada, cercana a la ciudad de Argos, había vivido bajo el terror de la mostruosa Hidra. Esta criatura, que vivía en un pantano, tenía el cuerpo de un perro y (en la versión más corriente) nueve cabezas, cada una de las cuales expelía vapores venenosos. De cada cabeza que se cortaba o aplastara nacían tres cabezas nuevas. Para aniquilar a este monstruo, Heracles siguió los consejos que le dio Atenea: lo forzó a salir de su madriguera disparándole dardos de fuego y no respiró mientras duró el combate. Cortó las cabezas, pero a cada golpe de su espada nacían otras nuevas.
El conductor del carro de Heracles, Yolao, acudió en su ayuda. Yolao hizo un fuego en una esquina de la cueva y, cogiendo ramas encendidas, quemó y cauterizo las heridas de la Hidra, cortando de este modo el flujo de sangre para impedir que se formaran nuevas cabezas. En ese mismo momento, Heracles encontró la inmortal cabeza de oro de Hidra entre el amasijo furioso del cuerpo de la criatura; la arrancó del cuerpo y la enterró debajo de una pesada roca. Después, la evisceró y mojó las puntas de sus flechas en la hiel del monstruo. Desde entonces cualquier herida producida con estas flechas ha tenido consecuencias fatales.






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